¿QUÉ TANTO DEBE PREOCUPARNOS EL NUEVO BROTE DE SARAMPIÓN EN LATINOAMÉRICA?
● El aumento de casos de sarampión en el
continente americano reabre el debate sobre la cobertura de vacunación en las
poblaciones, la vigilancia epidemiológica y los factores sociales que facilitan
su propagación, entre ellos los rezagos del COVID-19.
● Dr. Raimundo Seguí López-Peñalver,
coordinador de la Maestría en Epidemiología y Salud Pública de la Universidad
Internacional de Valencia, perteneciente a la red internacional de educación
superior Planeta Formación y Universidades, reflexiona sobre la alerta del
rebrote del sarampión en el continente.
A nivel global, los datos de la OMS publicados en su «Actualización Epidemiológica Sarampión en la Región de las Américas», señalan que entre enero y abril de 2025 se notificaron más de 82.000 casos sospechosos de sarampión en 156 países, de los cuales casi el 48% fueron confirmados. El grupo etario más afectado en América está compuesto por niños y adolescentes entre los 10 y 19 años (24%), seguido por niños de 1 a 4 años (22%) y adultos jóvenes de 20 a 29 años (19%). De los casos confirmados, el 30% no estaban vacunados y en el 65% no se contaba con información sobre el esquema de vacunación.
La
situación ha mantenido encendidas las alarmas de las autoridades sanitarias y
ha evidenciado grietas preocupantes en la inmunidad colectiva.
«Si
el sarampión resurge es porque el virus sigue circulando en algunas partes del
mundo y aprovecha cualquier brecha en la inmunidad poblacional. Se ha
estipulado la necesidad de una cobertura muy alta (alrededor del 95% con dos
dosis de la vacuna) para mantener la inmunidad colectiva y prevenir brotes»,
advierte el Dr. Raimundo Seguí López-Peñalver, coordinador de la Maestría en
Epidemiología y Salud Pública de la Universidad Internacional de Valencia –
VIU, perteneciente a la red internacional de educación superior Planeta
Formación y Universidades.
Estamos viviendo una serie de
consecuencias post pandemia
El
resurgimiento del sarampión en la región es multifactorial. De acuerdo con el
Dr. Seguí López-Peñalver, que esta enfermedad haya resurgido —teniendo en
cuenta que es altamente contagiosa así como prevenible mediante la vacunación—
está relacionado con una disminución en las tasas de cobertura de vacunación
entre la población.
El
COVID-19 tiene mucha incidencia en este fenómeno, pues sus rezagos
interrumpieron los programas de vacunación rutinarios. Hubo, además, una
relajación general en las campañas de inmunización, así como barreras culturales,
socioeconómicas o geográficas para acceder a las vacunas, sumado a movimientos
migratorios desde zonas con baja cobertura y la proliferación de desinformación
sobre la seguridad de las vacunas.
«Los
sistemas de salud no detectan y responden rápidamente a los primeros casos y en
consecuencia el virus tiene más oportunidad de propagarse extensamente antes de
que se implementen medidas de control», añade el especialista.
No es un sarpullido, es una enfermedad
peligrosa
«El
sarampión no es una enfermedad leve», recalca el Dr. «Un brote representa
serios riesgos a nivel de morbilidad y mortalidad, puesto que puede causar
complicaciones serias como neumonía (la causa más común de muerte asociada al
sarampión), encefalitis (inflamación del cerebro que puede causar daño
neurológico permanente), otitis media, diarrea severa y ceguera».
Los
grupos más vulnerables incluyen a niños menores de cinco años no vacunados,
personas inmunocomprometidas, mujeres embarazadas, personas con desnutrición y
adultos no vacunados. Además de los efectos directos sobre la salud, los brotes
también suponen un gran impacto para los sistemas sanitarios, que deben
redirigir recursos y personal para contenerlos.
Los
brotes pueden saturar los servicios de salud, ocupando camas de hospital,
consumiendo recursos y desviando personal y fondos de otras necesidades
sanitarias esenciales. Esto sin contar el impacto socioeconómico por cierres
escolares o ausentismo laboral.
Prevención y acción inmediata mediante la
vacunación
El
mensaje de los expertos es claro: la mejor herramienta contra el sarampión es
la vacunación. Para lograr inmunidad colectiva, se requiere una cobertura del
95% con dos dosis. Esto implica reforzar las campañas de inmunización,
garantizar el acceso equitativo a las vacunas y combatir la desinformación.
Además,
debe implementarse una vigilancia epidemiológica robusta y eficaz que permita
detectar y contener los brotes tempranamente para así evitar consecuencias
mayores y salvar vidas.
El
nuevo brote de sarampión en Latinoamérica no solo es una advertencia sobre las
brechas en los sistemas de salud pública, sino también una oportunidad para
reforzar el compromiso con la prevención y la inmunización como pilares de la
salud colectiva.

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