EL RELOJ DEL CÁNCER INFANTIL: EL TIEMPO PUEDE SALVAR VIDAS
● La experiencia clínica en oncología pediátrica
demuestra que iniciar tratamiento pocos días después del diagnóstico puede
impactar de forma decisiva la supervivencia.
A diferencia del cáncer en adultos, el cáncer pediátrico es, en la mayoría de los casos, una enfermedad que no puede prevenirse. Mientras en la población adulta existen factores de riesgo claramente identificados (como enfermedades crónicas o exposiciones ambientales), en niños y adolescentes no suele existir un factor desencadenante evidente, lo que convierte a la detección temprana en el principal determinante del pronóstico.
“En oncología pediátrica no hablamos de prevención en el sentido
tradicional. Nuestro mayor margen de acción está en identificar la enfermedad
lo antes posible para iniciar el tratamiento en el momento adecuado y con las
mejores condiciones clínicas”,
explica el Dr. Giovanny Rincón Oyuela, médico cirujano, pediatra y
hemato-oncólogo pediatra del Hospital Infantil Universitario de San José.
Uno
de los mayores retos en el diagnóstico temprano del cáncer infantil es que los
primeros síntomas suelen ser inespecíficos y similares a los de enfermedades
frecuentes en la infancia. Por esta razón, la observación clínica y la
vigilancia frente a síntomas que no evolucionan como se espera resultan
fundamentales.
Fiebre
persistente sin causa aparente, pérdida de peso significativa en pocas semanas,
cansancio marcado, palidez intensa o la aparición de moretones sin golpes
previos son algunos de los signos que deben llamar la atención. A esto se suma
la presencia de masas o “bultos” en cualquier parte del cuerpo, incluidas las
masas abdominales, y en el caso de los niños, la revisión de los testículos,
donde también pueden encontrarse hallazgos relevantes. Los
sangrados espontáneos, como epistaxis o sangrado de encías sin causa clara, son
otro signo de alerta.
“Más que un
síntoma aislado, lo que debe alertar es la persistencia. Cuando algo no mejora,
reaparece o progresa, incluso si al inicio parecía benigno, es necesario
insistir en su estudio. Esa insistencia clínica es la que permite sospechar a
tiempo”, señala el especialista.
Las leucemias, los
linfomas y los tumores del sistema nervioso central representan la mayor
proporción de los casos de cáncer en niños y adolescentes. Aunque existen otros
tumores menos frecuentes, todos comparten un desafío común: pueden iniciar con
manifestaciones clínicas poco específicas.
En este contexto, el
diagnóstico temprano cobra especial relevancia, ya que permite ofrecer
tratamientos más oportunos y mejorar de manera significativa los resultados
clínicos.
“Cuando el
diagnóstico se realiza en etapas tempranas, no solo aumentan las probabilidades
de supervivencia, sino que también es posible reducir la intensidad de algunos
tratamientos y el riesgo de secuelas a largo plazo”,
explica el Dr. Rincón.
El impacto del
diagnóstico temprano se potencia cuando va acompañado de una atención
organizada, oportuna y continua. Desde la experiencia del Hospital Infantil
Universitario de San José, la coordinación clínica y la atención especializada
han sido determinantes para lograr mejores resultados en oncología pediátrica.
En la práctica
institucional, la mayoría de los pacientes pediátricos inicia tratamiento en un
tiempo clínicamente adecuado una vez se confirma el diagnóstico. En el caso de
la leucemia linfoblástica aguda tipo B, uno de los cánceres más
frecuentes en la infancia, se ha reportado un inicio del tratamiento alrededor
de los seis días posteriores al diagnóstico, un indicador clave en una
enfermedad donde actuar con rapidez es fundamental.
Un análisis
institucional que incluyó 167 pacientes tratados entre 2015 y 2020, con
predominio de leucemias, linfomas y tumores del sistema nervioso central,
evidenció una supervivencia global a cinco años del 83,2 %, reflejando
el impacto de contar con atención especializada, equipos entrenados y
tratamientos completos cuando se logra mantener la continuidad del cuidado.
“Los buenos
resultados dependen no sólo del diagnóstico, sino de que el tratamiento pueda
iniciarse y mantenerse sin interrupciones. En cáncer infantil, la oportunidad y
la continuidad hacen parte del mismo proceso”, afirma
el profesional.
En esta conmemoración,
el Hospital Infantil Universitario de San José subraya la necesidad de actuar
con prontitud ante señales clínicas que se apartan de la evolución habitual,
entendiendo que en oncología pediátrica el factor tiempo incide directamente en
la efectividad de las terapias y en el pronóstico a largo plazo. Identificar de
manera temprana, confirmar sin dilaciones y acompañar de forma continua son
acciones que siguen siendo decisivas para mejorar los resultados en cáncer
infantil.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario