MALOCLUSIONES: LA SILENCIOSA ALTERACIÓN FUNCIONAL QUE AMENAZA MUCHO MÁS QUE LA APARIENCIA DE SU ROSTRO
Una maloclusión ocurre cuando los dientes y los huesos que los sostienen no se relacionan correctamente. Su origen puede ser genético o desarrollarse durante la infancia debido a hábitos como el uso prolongado del chupo o la succión del dedo, los cuales alteran el desarrollo maxilar. En la edad adulta, esta condición suele aparecer como consecuencia de la pérdida de piezas dentales, el bruxismo o enfermedades periodontales. Cuando los dientes no encajan de manera adecuada, se generan sobrecargas durante la masticación que desgastan el esmalte dental y producen tensiones en la mandíbula, los músculos faciales y el cuello. Además, la posición retraída de la mandíbula o un desarrollo óseo limitado pueden reducir el espacio de la vía aérea, facilitando la aparición de ronquidos o apnea del sueño.
"La mordida no es solo un
tema estético, es un problema funcional que puede afectar la calidad de vida”,
explica Forero.
Jimmy Guerrero, especialista en
rehabilitación oral de la Clínica Dental Colsanitas en la Torre Keralty, agrega
que “estos desequilibrios pueden pasar desapercibidos al inicio porque el
cuerpo tiende a adaptarse, pero si no se evalúan, pueden generar desgaste,
pérdidas dentales, problemas periodontales y asimetrías complejas. Por esto, la
evaluación temprana permite preservar la función y evitar complicaciones a
futuro”.
En la actualidad, el diagnóstico
de estas alteraciones se realiza con herramientas tecnológicas avanzadas, como
el escáner intraoral en tres dimensiones y la tomografía computarizada 3D.
Estos sistemas permiten a los especialistas evaluar con alta precisión el
estado del hueso, las raíces dentales, la morfología maxilar e identificar
patologías, lo que facilita el diseño de tratamientos médicos y odontológicos
personalizados antes de que la condición requiera intervenciones invasivas como
una cirugía maxilofacial.
Para prevenir el deterioro
funcional del sistema masticatorio y respiratorio asociado a la maloclusión,
los expertos recomiendan implementar las siguientes pautas de cuidado y
seguimiento:
●
Realizar
evaluaciones tempranas:
Iniciar las valoraciones clínicas entre los seis y siete años de edad para
identificar señales como respiración oral, desgaste prematuro o dolor atípico,
permitiendo guiar el crecimiento maxilar a tiempo.
●
Controlar
hábitos en la infancia:
Evitar el uso prolongado del chupo, el biberón o la succión del dedo, factores
que alteran la estructura ósea de los niños.
●
Tratar
el bruxismo:
Acudir a evaluación médica si se experimenta rechinar de dientes o tensión
mandibular, especialmente en contextos de estrés, para evitar sobrecargas
musculares.
● Reemplazar piezas dentales
perdidas: Evitar que los
dientes vecinos se inclinen y alteren la dinámica de la mordida mediante un
tratamiento de rehabilitación oportuno.
La salud oral no debe limitarse a
la corrección visual de la sonrisa, es importante entender que la boca es un
sistema articulado que interviene directamente en la respiración y el descanso
es vital para el bienestar general. Mantener hábitos de prevención y realizar
consultas periódicas con especialistas idóneos garantiza que cualquier
alteración se identifique y trate de manera oportuna, protegiendo las funciones
esenciales del cuerpo a largo plazo.

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