martes, 17 de febrero de 2026

 ENFERMEDAD ARTERIAL PERIFÉRICA: EL ENEMIGO SILENCIOSO QUE AUMENTA EL RIESGO DE AMPUTACIÓN Y MUERTE CARDIOVASCULAR

·      La enfermedad arterial periférica (EAP) es una afección crónica que suele ser silenciosa en sus etapas iniciales, lo que dificulta su diagnóstico temprano.

·      Factores como el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol elevado y la edad avanzada son determinantes en su desarrollo.

·      El diagnóstico oportuno mediante pruebas sencillas y no invasivas como el índice tobillo-brazo (ITB) es fundamental para evitar complicaciones graves.

·      El tratamiento combina cambios en el estilo de vida, control estricto de comorbilidades y, en fases avanzadas, intervenciones médicas para restablecer el flujo sanguíneo.

La enfermedad arterial periférica (EAP) es un trastorno circulatorio que se produce cuando la acumulación del colesterol genera una placa en la pared arterial, reduciendo o bloqueando el flujo sanguíneo hacia las extremidades, especialmente en las inferiores. Este proceso de aterosclerosis, común a otras enfermedades cardiovasculares, cardíacas o cerebrales, compromete el transporte de oxígeno y nutrientes, provocando dolor, entumecimiento, heridas de difícil cicatrización y, en casos graves, riesgo de amputación.

Aunque es una condición con alto impacto en la salud pública, con frecuencia no presenta síntomas claros al inicio. “Muchas personas pueden vivir con EAP sin saberlo, lo que retrasa el diagnóstico y aumenta la probabilidad de complicaciones” explica el doctor Alberto Muñoz Hoyos, destacado cirujano vascular y endovascular. Cuando se manifiesta, el síntoma más habitual es la claudicación intermitente, es decir, un dolor en los músculos de las piernas al caminar que desaparece con el reposo. Otros signos de alarma incluyen piel fría, cambios de coloración, disminución del crecimiento del vello o uñas, y úlceras que no cicatrizan.

El diagnóstico temprano es esencial. Una exploración clínica cuidadosa, combinada con una medida que manejan los médicos, llamada el índice tobillo-brazo (ITB), permite identificar de manera sencilla y no invasiva la presencia de obstrucciones arteriales. En etapas más avanzadas pueden utilizarse estudios complementarios como la ecografía Doppler o la angiografía para confirmar la severidad de la enfermedad.

Los principales factores de riesgo asociados son el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la obesidad y la edad avanzada. También influyen los antecedentes familiares y el sedentarismo. Estos factores, cuando se combinan, multiplican la probabilidad de desarrollar la enfermedad y de presentar eventos cardiovasculares graves, como infartos y accidentes cerebrovasculares.

El tratamiento de la EAP requiere un enfoque integral. En fases iniciales, los cambios en el estilo de vida resultan decisivos: “abandonar el consumo de tabaco, mantener una dieta saludable, realizar ejercicio regular y controlar el peso” son las medidas más importantes, señala el doctor Muñoz Hoyos, director científico de la Clínica Vascular de Bogotá. En paralelo, es fundamental el manejo médico de las comorbilidades: control estricto de la presión arterial, regulación de los niveles de glucosa en personas con diabetes, y reducción del colesterol con medicamentos cuando sea necesario. En algunos pacientes, se indican fármacos antiplaquetarios para prevenir la formación de coágulos y medicamentos específicos para mejorar la circulación y reducir la claudicación.

En los casos más avanzados, donde existe un bloqueo arterial severo, pueden requerirse intervenciones médicas especializadas, como angioplastia con colocación de stents o cirugía de bypass, cuyo objetivo es restablecer el flujo sanguíneo hacia las extremidades y evitar amputaciones.

Más allá del tratamiento, la prevención y la educación en salud son claves. Informar a la población sobre los síntomas, los factores de riesgo y la importancia de las revisiones médicas periódicas puede marcar la diferencia entre una detección temprana y un diagnóstico tardío con complicaciones mayores.

La enfermedad arterial periférica es una amenaza silenciosa pero prevenible. Su detección precoz, el control de los factores de riesgo y la adopción de hábitos de vida saludables pueden evitar complicaciones graves y mejorar significativamente la calidad de vida. Incorporar protocolos de diagnóstico en la atención primaria y reforzar la educación en salud pública es un paso indispensable para enfrentar de manera efectiva esta enfermedad creciente.

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