“El tinnitus suele estar relacionado con la pérdida de audición, la exposición prolongada o intensa a ruidos muy fuertes, las infecciones en el oído e incluso el consumo de medicamentos ototóxicos. Sin embargo, también puede estar relacionado con lesiones en la cabeza y el cuello, o con la acumulación de cera en los oídos. En casos mucho menos frecuentes, el tinnitus aparece como consecuencia de problemas de movilidad mandibular, trastornos relacionados con tumores, problemas de los vasos sanguíneos o enfermedades crónicas, como la diabetes o las migrañas”, comentó Leonardo Ordoñez, otorrinolaringólogo especialista en otología y neurotología adscrito a Colsanitas.
Según
el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación
(NIDCD), entre el 10% y el 25% de la población mundial lo experimenta y un
estudio publicado en JAMA Neurology señala que su incidencia anual es
del 1% y que su prevalencia aumenta con la edad, está presente en el 10% de los
adultos jóvenes, el 14% de los adultos de mediana edad y el 24% de los adultos
mayores. Su carga global es comparable con la de condiciones como la migraña y
el dolor crónico y es más común de lo que suele pensarse.
Ordoñez
comenta que existen dos tipos de tinnitus:
- El tinnitus pulsátil: que
se percibe como un sonido rítmico similar a los latidos del corazón y
suele estar asociado a alteraciones orgánicas como tumores vasculares o
malformaciones arteriales o venosas intracraneanas.
- El tinnitus no pulsátil:
el más frecuente, se manifiesta como zumbidos o silbidos continuos,
similares a una turbina o una chicharra, y suele estar relacionado con
hábitos auditivos y exposición al ruido.
Más
allá del sonido, el impacto del tinnitus puede ser significativo, pues en casos
moderados y severos puede causar problemas en la comunicación y alteraciones
del sueño, como dificultad para dormir o despertares frecuentes. Esto puede ser
muy desgastante en el largo plazo y derivar en afectaciones importantes como
depresión, ansiedad e irritabilidad
“Actualmente
existen diferentes rutas de manejo que permiten aliviar esta condición. Cuando
hay pérdida auditiva, el tratamiento de primera línea incluye el uso de
audífonos que mejoran la audición del entorno y emiten sonidos programados para
ayudar a enmascarar el zumbido. En personas sin pérdida auditiva, pueden
utilizarse dispositivos que funcionan como generadores de ruido. Este abordaje
suele complementarse con acompañamiento en salud mental, especialmente con
terapia cognitivo-conductual, que cuenta con sólida evidencia científica para
reducir la ansiedad, la irritabilidad y los problemas de sueño asociados al
tinnitus. En casos severos, puede ser necesario el apoyo psiquiátrico”, señala
Ordoñez.
La
prevención y el cuidado diario de los tímpanos son fundamentales, especialmente
para reducir el riesgo de tinnitus no pulsátil. Entre las principales
recomendaciones se encuentran evitar la exposición frecuente a volúmenes altos,
moderar el uso de audífonos y no utilizarlos por periodos prolongados, realizar
pausas auditivas a lo largo del día y usar tapa oídos en ambientes ruidosos,
como construcciones o espacios con maquinaria. También es clave no introducir
objetos en el oído para retirar cera y consultar al especialista ante cualquier
molestia auditiva persistente.

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