Lo que al inicio se siente como puro bienestar puede transformarse silenciosamente en señales de alerta si el cuerpo empieza a resentir la carga física. Dolores persistentes, fatiga que no desaparece, sed constante o cambios bruscos en el ritmo cardíaco no hacen parte normal del entrenamiento, pues son advertencias críticas que, si se ignoran, pueden frenar el progreso en lugar de impulsarlo e, incluso, derivar en lesiones graves.
Escuchar
el cuerpo no significa detenerse por completo o abandonar el deporte, sino
aprender a correr con una mayor conciencia y responsabilidad. De acuerdo con
los doctores Miguel Niño y Mauricio Mejía, especialistas en medicina del
deporte adscritos a Colsanitas, es fundamental que los corredores, tanto
aficionados como experimentados, aprendan a identificar cuándo una molestia
deja de ser producto del esfuerzo y se convierte en un riesgo para la salud.
Una
de las señales más comunes es el dolor que no desaparece con el descanso,
especialmente en zonas como rodillas, tobillos o caderas. Si el dolor aparece
después de entrenar y no se va con el descanso, es momento de escuchar; si
persiste durante varios días de reposo, ya no es molestia; es advertencia.
“Uno
de los errores más comunes en la práctica del running es normalizar el dolor
físico. Las molestias en zonas de alto impacto como las rodillas, los tobillos
o las caderas suelen estar directamente relacionadas con lesiones por
sobrecarga. Estas ocurren cuando el atleta realiza aumentos bruscos en la
intensidad, la distancia o la frecuencia del ejercicio, sin brindarle al cuerpo
el tiempo necesario para una adecuada recuperación de los tejidos”, agregó el
doctor Niño.
Más
allá del sistema muscular y articular, otra señal de suma importancia aparece
cuando el corazón se comporta de forma inusual durante el ejercicio. Los
especialistas advierten que existen personas aparentemente sanas que nunca se
han realizado un electrocardiograma y pueden padecer de una arritmia
silenciosa. El riesgo no siempre es visible, pero puede estar latente, razón
por la cual se vuelve indispensable realizarse chequeos médicos preventivos
antes de someter al cuerpo a mayores exigencias físicas, prestando especial
atención a mareos, palpitaciones irregulares o dolor en el pecho.
A
nivel metabólico, la hidratación y la alimentación juegan roles determinantes
que muchas veces se pasan por alto. La hidratación debe anticiparse a la
necesidad del cuerpo, ya que cuando aparece la sensación de sed, existe una
pérdida significativa de líquidos. Estudios médicos han demostrado que estar
sediento mientras se está corriendo puede reflejar que el organismo ya presenta
una deshidratación del 2%, afectando directamente el rendimiento y la
termorregulación.
En
otros casos, el origen del bajo rendimiento o el agotamiento no radica en el
plan de entrenamiento, sino en la nutrición diaria del deportista. La falta de
combustible adecuado es una de las principales causas de fatiga prematura.
“La
persona puede sentir mareos, dolor de cabeza, cansancio muscular o dificultad
para mantener el ritmo. A veces es porque se le acaba el glucógeno, otras
porque lleva muchas horas de ayuno o tiene una dieta muy baja en carbohidratos.
La alimentación es parte fundamental del rendimiento”, agregó el doctor Mejía.
Finalmente,
cuando el cansancio se vuelve constante, el rendimiento disminuye de manera
drástica y el cuerpo no logra recuperarse ni siquiera después de varios días de
descanso, el corredor podría estar enfrentando un síndrome de
sobreentrenamiento. Frente a este diagnóstico, el doctor Mauricio Mejía es
claro en su indicación médica: “cuando el atleta llega al sobreentrenamiento,
lo único que uno puede hacer es ponerlo a descansar completamente”.
Reconocer
estas cinco señales no implica, de ninguna manera, dejar de correr, sino
hacerlo mucho mejor. El cuerpo humano es una máquina precisa que no se equivoca
cuando envía advertencias; simplemente espera ser escuchado. Correr bien no es
correr más cantidad de kilómetros a cualquier costo, es correr con
inteligencia, equilibrio y el cuidado que la salud requiere.

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