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Las calorías
indican la energía que aporta un alimento, pero no reflejan por sí solas su
calidad nutricional ni el papel que puede desempeñar dentro de una alimentación
balanceada.
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El Centro
Latinoamericano de Nutrición (CELAN) invita a interpretar los alimentos desde
una mirada integral, considerando el conjunto de nutrientes que aportan y no
únicamente un dato como las calorías, la grasa o el azúcar.
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Una alimentación
balanceada se construye con hábitos sostenibles y decisiones consistentes en el
tiempo, más que con una comida puntual o el conteo de calorías.
Esta visión es
respaldada por la Administración
de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA),
que señala que las calorías indican la cantidad de energía que aporta un
alimento, pero para comprender realmente su valor nutricional, también es
necesario revisar otros aspectos como el tamaño de la porción, los nutrientes
que contiene y el porcentaje del valor diario recomendado que aporta cada uno.
"Durante mucho tiempo
la conversación sobre alimentación estuvo centrada en contar calorías o evitar
determinados alimentos. Hoy la evidencia científica nos muestra que una
alimentación balanceada va mucho más allá, implica elegir con criterio,
priorizar la calidad nutricional, disfrutar los alimentos y construir hábitos
que sean sostenibles en la vida cotidiana. Comer en balance no es comer con
miedo, sino aprender a cuidar la salud desde decisiones posibles y consistentes", explica María
Camila Gómez, Coordinadora de Soporte Científico y Nutricional del Centro
Latinoamericano de Nutrición (CELAN).
Desde el CELAN se
comparten tres aspectos fundamentales para comprender por qué las calorías son
solo una parte de la información que debemos considerar al implementar una
alimentación balanceada.
1.
Un alimento es mucho más que su aporte calórico
Las calorías indican la energía que aporta un
alimento, pero no reflejan por sí solas su calidad nutricional. Por eso hoy
también se habla de densidad nutricional, un concepto que hace referencia al
conjunto de nutrientes y beneficios que un alimento aporta en una porción
habitual.
Esta mirada permite diferenciar entre
alimentos que únicamente aportan energía y aquellos que, además, suministran
proteínas, vitaminas, minerales y otros componentes que contribuyen a funciones
como la saciedad, el mantenimiento de la masa muscular, la salud ósea o el
bienestar digestivo.
2.
Elegir
un alimento no debería depender solo de un dato
Al elegir un alimento es habitual fijarse
primero en un dato específico, como la cantidad de calorías, grasa, azúcar o el
tamaño de la porción. Aunque estos indicadores aportan información útil,
ninguno permite, por sí solo, determinar la calidad nutricional de un alimento.
Más que centrar la decisión en un único
atributo, es importante considerar el conjunto de nutrientes que aporta el
alimento, la cantidad en que se consume y el papel que desempeña dentro de una
alimentación balanceada. Por ejemplo, lácteos como el yogurt permiten hablar no
solo de aporte nutricional, sino también de procesos como la fermentación y la
presencia de cultivos vivos, aspectos que hacen parte de las conversaciones
sobre bienestar digestivo y calidad de la alimentación.
Elegir mejor no significa ignorar la
información nutricional, sino aprender a interpretarla en contexto para tomar
decisiones más informadas y acordes con una alimentación balanceada.
3.
Los hábitos alimentarios sostenibles son más
significativos que una comida puntual
Una comida puntual no define la alimentación.
Lo que realmente influye son las decisiones que se repiten día tras día. Por
eso, la evidencia científica ha dejado de centrarse únicamente en alimentos
aislados para dar mayor importancia a los patrones de alimentación y a los
hábitos que se mantienen en el tiempo.
Un patrón de alimentación balanceado incluye
variedad de alimentos, cubre las necesidades nutricionales, se adapta a las
preferencias y rutinas de cada persona y promueve una relación tranquila con la
comida. En ese contexto, cada alimento aporta al conjunto de la alimentación,
sin que una sola elección determine por sí misma la calidad de la dieta.
Desde esta perspectiva, comer de forma
saludable tampoco significa compensar una elección con otra. Pensar que después
de consumir un alimento es necesario restringir otro puede convertir la
alimentación en una práctica rígida y difícil de mantener. En cambio, una
alimentación balanceada busca construir hábitos variados, sostenibles y
compatibles con la vida cotidiana.
“Las calorías siguen siendo una referencia importante, pero no suficiente para comprender una alimentación balanceada. La invitación es a mirar más allá de ese número y a construir hábitos que cuiden la salud de forma sostenible” concluyó Gómez.

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