jueves, 12 de marzo de 2026

DORMIR MAL PODRÍA ESTAR AFECTANDO SU SALUD MÁS DE LO QUE IMAGINA, ADVIERTEN ESPECIALISTAS

En medio de rutinas cada vez más aceleradas, jornadas extensas y el uso permanente de dispositivos electrónicos, especialistas en salud alertan sobre un hábito que suele subestimarse, pero que cumple un papel determinante en la prevención de enfermedades físicas y mentales: dormir bien. La evidencia científica demuestra que el sueño no es un periodo de inactividad, sino un proceso biológico esencial para el equilibrio del organismo.

“El sueño es tan importante para la vida como comer, respirar o tomar agua. Es de vida o muerte. En los últimos 30 años hemos normalizado robarle horas a la noche. Las pantallas, el streaming y las redes sociales nos mantienen enganchados”, explica Leonardo Palacios Sánchez, profesor de la Universidad del Rosario y neurólogo adscrito a Colsanitas.

Mientras el cuerpo descansa, el cerebro entra en una fase de alta actividad en la que organiza recuerdos, procesa emociones, fortalece conexiones neuronales y activa mecanismos de depuración que solo funcionan durante la noche. Estudios publicados en revistas científicas especializadas han demostrado que la privación del sueño puede favorecer procesos inflamatorios y la acumulación de proteínas asociadas con enfermedades neurodegenerativas.

Uno de los descubrimientos más relevantes en la investigación del sueño es el funcionamiento del sistema glinfático, una red encargada de eliminar desechos metabólicos del cerebro durante el descanso profundo. Cuando las horas de sueño son insuficientes, este proceso de limpieza se reduce, lo que puede afectar funciones cognitivas esenciales como la memoria, la atención, la capacidad de aprendizaje y la regulación emocional.

Dormir poco también tiene efectos visibles en la vida cotidiana. La privación crónica del sueño se asocia con mayor irritabilidad, dificultades de concentración, aumento del apetito, errores en tareas diarias y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Además, puede incrementar la probabilidad de microsueños y accidentes, especialmente en actividades que requieren atención sostenida.

Dormir entre siete y nueve horas permite completar los ciclos necesarios para la restauración física y mental, como recomiendan organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la World Sleep Society. Mantener una adecuada calidad del sueño contribuye al fortalecimiento del sistema inmune, la estabilidad emocional y el adecuado funcionamiento cerebral.

Adoptar estos hábitos sencillos puede marcar una diferencia significativa en la calidad del descanso:

      Dormir entre siete y nueve horas cada noche.

      Mantener el dormitorio en oscuridad y con pocos estímulos.

      Evitar el uso de pantallas electrónicas antes de dormir.

      Establecer rutinas nocturnas que faciliten la relajación.

      Mantener horarios regulares para acostarse y despertarse.

Los especialistas coinciden en que dormir bien no debe entenderse como un lujo o una pausa improductiva, sino como una necesidad biológica que impacta simultáneamente la salud física, mental y emocional. En un entorno cada vez más digitalizado, recuperar el descanso nocturno se convierte en una de las estrategias más accesibles y efectivas de medicina preventiva para mejorar la calidad de vida.

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