EL ESTRÉS PUEDE AFECTAR EL SISTEMA VASCULAR
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El
estrés crónico no solo afecta la salud mental, también puede alterar la presión
arterial, favorecer procesos inflamatorios y aumentar el riesgo de enfermedades
cardiovasculares, responsables de cerca de 17,9 millones de muertes al año en el
mundo, según la
Organización Mundial de la Salud.
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Especialistas
en psicología clínica y cirugía vascular advierten que el manejo del estrés,
junto con hábitos saludables como el ejercicio, el descanso adecuado y el apoyo
emocional, puede convertirse en una herramienta clave para proteger el sistema
vascular y reducir factores de riesgo a largo plazo.
Durante
mucho tiempo, la prevención cardio y endovascular se centró principalmente en
factores como la alimentación, el sedentarismo o el tabaquismo. Sin embargo, la
medicina contemporánea reconoce que la salud del sistema vascular también está
influida por factores psicológicos y sociales, como el estrés prolongado, la
ansiedad o la presión emocional constante.
El
impacto del estrés no solo se refleja en el corazón, sino también en el sistema
vascular. La activación constante de los mecanismos de estrés puede favorecer
la hipertensión arterial, la inflamación de los vasos sanguíneos y la formación
de placas de aterosclerosis, procesos que aumentan el riesgo de infarto,
accidente cerebrovascular o enfermedad arterial periférica.
El
doctor Alberto Muñoz Hoyos, cirujano vascular y endovascular, explica que el
impacto del estrés en la salud vascular también se presenta por su efecto sobre
el endotelio, la capa interna que recubre todos los vasos sanguíneos del
organismo. Estudios en fisiología vascular han demostrado que el estrés
psicológico sostenido puede alterar el funcionamiento de estas células, reducir
la producción de sustancias vasodilatadoras como el óxido nítrico y aumentar
procesos inflamatorios y oxidativos en las arterias. “Esta alteración, conocida
como disfunción endotelial, se considera una de las primeras etapas en el
desarrollo de múltiples enfermedades vasculares, ya que favorece la rigidez
arterial, la formación de placas y las alteraciones en la circulación sanguínea”,
anota el doctor Muñoz Hoyos. Además, señala, que el organismo responde al
estrés activando mecanismos biológicos que afectan directamente al sistema
cardiovascular dado que el estrés sostenido activa el sistema nervioso
simpático y aumenta la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina.
Esto eleva la presión arterial, acelera la frecuencia cardiaca y favorece
procesos inflamatorios que, con el tiempo, pueden dañar las paredes de los
vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Desde
la psicología clínica, la doctora María Clara Arbeláez, especialista en esta
rama, señala que el estrés emocional sostenido puede convertirse en un factor
silencioso que deteriora progresivamente la salud física. “El cuerpo no
distingue entre un peligro real y una presión emocional constante. Cuando el
estrés se vuelve crónico, el organismo permanece en estado de alerta
permanente. Esto genera alteraciones hormonales, cambios en la presión arterial
y hábitos de vida menos saludables que terminan impactando la salud vascular”,
anota la doctora Arbeláez.
Los
especialistas coinciden en que el manejo adecuado del estrés debe considerarse
una estrategia fundamental de prevención cardiovascular. De hecho, cada vez más
guías clínicas internacionales recomiendan incorporar el bienestar emocional
dentro de las estrategias de promoción de la salud.
Entre
las recomendaciones más importantes para proteger el sistema vascular frente a
la ansiedad y el estrés, por parte del equipo interdisciplinario de la Clínica
Vascular de Bogotá, se encuentran:
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Identificar
y manejar las fuentes de estrés crónico, especialmente las relacionadas con el
trabajo, la carga emocional o los conflictos prolongados.
·
Practicar
actividad física regular, ya que el ejercicio contribuye a regular las hormonas
del estrés y mejora la salud cardiovascular.
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Mantener
una buena calidad de sueño, fundamental para el equilibrio hormonal y la
recuperación del sistema nervioso.
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Fortalecer
las redes de apoyo social y emocional, factores asociados con mejores
indicadores de salud cardiovascular.
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Consultar
oportunamente a profesionales de la salud cuando existen síntomas persistentes
de ansiedad, estrés o depresión.
La
prevención de la salud vascular requiere una mirada integral que combine
hábitos de vida saludables, control médico periódico y cuidado de la salud
mental. Reconocer que las emociones también influyen en el funcionamiento del
corazón y de los vasos sanguíneos permite desarrollar estrategias más completas
para reducir el riesgo de enfermedad.
Este
enfoque interdisciplinario, que integra medicina vascular y salud mental, se
consolida como una de las tendencias más importantes en la prevención moderna
de enfermedades cardiovasculares.

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