La acumulación de grasa en el hígado incrementa significativamente el riesgo cardiometabólico debido a procesos inflamatorios que favorecen la formación de placas en las arterias. Factores como el sobrepeso, el sedentarismo, la diabetes tipo 2 y el consumo nocivo de alcohol aceleran esta condición, la cual suele dar señales tardías como fatiga, hinchazón en extremidades, tono amarillento en piel u ojos y molestias abdominales.
“El
hígado actúa como un juez del cardiometabolismo, evalúa lo que consumimos y
decide qué almacenar, qué transformar y qué poner a circular en la sangre,
impactando directamente al corazón y los vasos sanguíneos. Por eso no hay que
esperar a los 40 o 50 años para actuar; desde los 20 años se debería realizar
al menos una primera consulta de colesterol y glucemia, y repetirla anualmente
según los factores de riesgo”, explica el cardiólogo Juan Camilo García,
especialista de la Clínica Iberoamérica en Barranquilla.
Para
proteger la función hepática y reducir los riesgos cardiovasculares asociados,
el doctor García recomienda adoptar las siguientes pautas de autocuidado:
●
Alimentación balanceada: estructurar
los alimentos priorizando un 50 % de verduras, un 25 % de proteínas magras como
pollo o pescado y un 25 % de carbohidratos saludables, evitando azúcares y
grasas saturadas.
●
Actividad física regular: cumplir
con un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio, como caminatas de 30
minutos de lunes a viernes, combinados con ejercicios de resistencia.
●
Descanso adecuado: mantener
entre 7 y 9 horas de sueño reparador para favorecer la recuperación celular del
organismo.
●
Moderación de sustancias:
eliminar o reducir al máximo el consumo de alcohol, el vapeo y sustancias
psicoactivas por su alto impacto tóxico.
● Controles
diagnósticos: solicitar pruebas de función hepática
(transaminasas) y ecografías abdominales en personas con sobrepeso u obesidad
para detectar anomalías antes de que aparezcan síntomas.
Abordar
la salud hepática desde etapas tempranas de la vida es una medida preventiva
determinante para evitar complicaciones crónicas. Integrar hábitos de vida
saludables con valoraciones médicas periódicas permite identificar cualquier
alteración a tiempo, protegiendo tanto la función del hígado como el sistema
cardiovascular a largo plazo.

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